miércoles, 24 de junio de 2015

HABLAMOS CON JULIÁN RAMOS FERNÁNDEZ(ARQUEORUTAS.COM)

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Hablamos con Julián Ramos Fernández.

Hablar con Julián Ramos Fernández siempre es un placer, de forma tranquila es capaz de compartir sin reservas su profundo conocimiento y sobre todo su pasión por la prehistoria malagueña, no en balde es uno de sus pioneros y director de los Yacimientos Arqueológicos de la Araña, Málaga, desde finales de los años setenta.
Los Yacimientos Arqueológicos de la Araña son una joya de la Bahía de Málaga, entre sus cuevas y abrigos se han sucedido infinidad de generaciones de malagueñ@s desde época preneandertal hasta la actualidad. Este legado propio es necesario que sea conocido y reconocido por todos nosotros y en especial por los más pequeños, con los que siempre contaremos en ArqueoRutas.
Agradecemos a Julián su esfuerzo incansable por conservar y divulgar estos yacimientos y que nos conteste aquí a una serie de preguntas:
1. Hablamos de los Yacimientos Arqueológicos de la Araña pero, ¿cuántos son, qué cronología abarcan y por qué son tan importantes?
En realidad el pequeño territorio de La Araña y su ámbito es un puro yacimiento. En cualquier punto te puedes encontrar evidencias, que pueden aportar datos para la reconstrucción del pasado. Yacimientos arqueológicos o paleontológicos, hábitats en abrigos y en cuevas o al aire libre, playas fósiles para adentrarnos en los cambios climáticos del Planeta, transgresiones y regresiones marinas, procesos erosivos que han ido modelando el paisaje, etc, componen el mejor archivo histórico con que cuenta la ciudad de Málaga, aunque en este caso sería más justo decir prehistórico.
En cuanto a su número, contamos con más de una treintena de cuevas y un número mayor de abrigos, en los 6 complejos de cavernas con que cuenta La Araña, que han aportado hasta el presente más de 50 yacimientos, en apenas dos kilómetros de litoral, aunque siguen aumentando a medida que se sigue mirando con mas minuciosidad el lugar.
La cronología de la ocupación humana en la zona abarca el último medio millón de años, con grupos humanos distintos (preneandertales, neandertales y cromañones), que desarrollaron culturas del Paleolítico Inferior (Achelense), del Paleolítico Medio (Musteriense) y del Paleolítico Superior (Auriñaciense, Gravetiense, Solutrense y Magdaleniense), componiendo un larguísimo periodo de los modos de vida de los cazadores-recolectores. Le siguen los periodos del Epipaleolítico, del Neolítico y del Cobre, con la introducción de la agricultura, la ganadería, e inventos tan revolucionarios como la cerámica y la metalurgia, o los primeros fenómenos urbanos, que nos encaminan hacia lo que somos en la actualidad, con el Hombre Anatómicamente Moderno plenamente definido.
Es esta continuidad ocupacional y la gran concentración de yacimientos y riqueza de materiales (con varios de primer orden), lo que les da una gran importancia. Pocos territorios europeos pueden aportar secuencias estratigráficas y culturales tan completas como el de La Araña.
2. ¿Qué funciones han cumplido estas cuevas y abrigos para nuestros antepasados?
Las cuevas han tenido una función fundamental para los grupos prehistóricos. Supusieron refugios seguros donde ubicaron sus hábitats, defendiéndose de las inclemencias del tiempo y de los peligros que acechaban en el exterior, poblado por bestias salvajes realmente peligrosas, como osos y leones de las cavernas, hienas, toros salvajes, etc. Las cuevas y abrigos eran sus espacios vitales, donde regresaban tras sus duras jornadas de caza y recolección, donde les esperaban los suyos y hogares donde calentarse, procesar los alimentos conseguidos, reparar herramientas o fabricar otras nuevas, confeccionar vestimentas para defenderse del frío, plasmar sus pensamientos simbólicos y artísticos en sus paredes, practicar ritos iniciativos…en fin… para ellos fueron el equivalente de nuestros hogares modernos, eran sus “casas”. Fueron también el espacio que cobijó a sus muertos, como un último servicio hospitalario a sus habitantes prehistóricos. Para los arqueólogos, las cuevas y abrigos han sido una especie de lotería, ya que se han comportado como auténticas cajas fuertes, que han guardado y preservado los restos del pasado. Son los bancos del tiempo, donde están depositados los documentos de la Historia. Gracias a ellos podemos reconstruir las vidas de nuestros ancestros.
3. Sabemos de la presencia de los Neandertales en nuestras costas, ¿conocemos alguno de sus hábitos y en qué se diferencian estos de los de los seres humanos actuales?
Conocemos bastante bien a nuestros neandertales, pese a no haber encontrado todavía ningún esqueleto de esta especie. “Por sus obras les conoceréis…”. Sabemos de sus industrias, de qué se alimentaban, qué climas les acompañaron, entre qué flora y fauna se desenvolvieron, cómo utilizaron los espacios vitales de sus cuevas y abrigos, cómo explotaron los recursos disponibles, y en definitiva, sus señas de identidad.
Algunos de sus hábitos más constantes son la explotación de todos los recursos a su alcance, tanto terrestres como marinos. Eran grandes consumidores de mariscos, principalmente de mejillones y lapas. Otro rasgo fundamental es que eran bastante sibaritas en la alimentación: asaban los alimentos de origen animal, tanto terrestres como marinos, por lo que el fuego era un componente importantísimo para sus vidas, como parte de su acervo cultural y de su gastronomía. Enterraban a sus muertos, y en la medida que se han hallado en varios de sus enterramientos útiles de piedra y restos de comida, es de suponer que ya tenían un concepto del “más allá”, concebido como una continuidad de su mundo en vida. Son los rudimentos de la religión en un estadio arcaico, y probablemente de la familia, ante el mimo con que entregaron a la tierra a sus seres queridos, a los que incluso les ponían flores silvestres.
La verdad es que en lo esencial no se diferenciaban mucho de nosotros. Su mayor diferencia está en un grado mayor de arcaísmo en casi todos los campos, lo cual es lógico, ya que nos precedieron durante un larguísimo periodo cronológico. Lo cierto es que casi todos los aspectos desarrollados por nosotros más tarde, ya habían sido ensayados por los neandertales en más o menor medida. Incluso en algo que siempre nos habíamos atribuido los cromañones, como es el Arte, comienza a ser cuestionado, al haber aparecido en algunos yacimientos de neandertales restos de colorantes, y algún grabado. No eran tan diferentes como pensábamos. Solo más arcaicos, y quizás la diferencia más notable, como es la apariencia del cráneo, haya contribuido a ir fijando esa percepción de tosquedad que les asignamos desde que aparecieron sus primeros esqueletos. Un ser que cuidaba de los suyos, que enterraba con sumo cuidado a sus muertos, que creía en otra vida, que les dejaban con herramientas y comida, e incluso flores, no podía ser muy distinto de nosotros. Todavía muchas sociedades actuales seguimos haciendo cosas parecidas.
4. ¿Dónde podemos ver y disfrutar del material arqueológico recuperado en las excavaciones arqueológicas? y, ¿qué puesta en valor se ha pensado para los yacimientos?
Una mínima parte del material se puede apreciar en el Centro de Interpretación Cuevas de La Araña. La inmensa mayoría de los restos están depositados en los Fondos del Museo Provincial de Málaga, y esperamos que una selección podamos verla pronto, cuando se inaugure el Museo Provincial. Mientras esto sucede, el Centro de Interpretación situado en la barriada de La Araña, junto a la Torre Vigía, muestra una síntesis cultural de nuestros antepasados durante el último medio millón de años, en clave interpretativa. Allí se puede apreciar que aspecto físico tenían, como vestían, que comían, como enterraban a sus muertos pensando en el más allá, el comienzo de las creencias religiosas y de las capacidades artísticas, que paisajes contemplaron, o la flora y la fauna entre la que se desenvolvieron, que fueron cambiando a medida que se producían los cambios climáticos del Planeta en los 500.000 años que refleja el registro de los yacimientos. Todo un viaje por el túnel del tiempo.
Con respecto a la puesta en valor de los yacimientos, se basa en dos pilares fundamentales: el primero el Centro de Interpretación, y el segundo los propios yacimientos. En el primero nos adentramos en las distintas culturas de La Araña, mediante las visitas guiadas. En el segundo podemos ver los yacimientos y su entorno, o lo que es lo mismo, los espacios donde nuestros antepasados desarrollaron sus vidas, mostrados también por un monitor de visitas guiadas. Ambas visitas componen la puesta en valor del rico Patrimonio de Las Cuevas de La Araña.
5. ¿Algún comentario o hecho anecdótico que quieras añadir?
La Araña también se distingue por haber sido un territorio que entró pronto en la investigación metodológica. El primero fue Miguel Such, que ya en 1917 excavó la mítica Cueva de Hoyo de La Mina, publicando una monografía en 1920, en la que reflejaba el resultado de sus trabajos en el yacimiento. Cuando en el 2000 continuamos las excavaciones en los restos de la caverna, nos honraron con su presencia uno de los hijos y una nieta del investigador, que compartieron con nosotros algunos de los recuerdos de su antepasado. Uno de los que más nos impresionaron fue el relato de cómo accedía el investigador a la caverna, por un boquete del techo desprendido, descolgándose por una soga, con la carburera colgada del cinturón. Lo malo es que en una de sus bajadas, cuando se encontraba a media altura, se incendió el pantalón, creando una situación ciertamente embarazosa para nuestro ilustre pionero. Nos sirvió para ver los escasos medios con que contaba uno de los patriarcas de la prehistoria malagueña, y las penurias que debió pasar para realizar sus trabajos. Ello engrandece su obra, que nos dejó como legado de sus esfuerzos en la investigación. Fue una pena que al ser republicano tuviera que salir huyendo al terminar la guerra civil, muriendo en América, cuando estaba empeñado en el estudio de un templo precolombino. Todo un ejemplo de pundonor.
Un honor para ArqueoRutas contar con estas palabras de Julián, figura infatigable de la investigación prehistórica malagueña.