sábado, 22 de julio de 2017

CÓMO SE ILUMINABAN NUESTROS ANTEPASADOS PREHISTÓRICOS EN LAS CUEVAS

CÓMO SE ILUMINABAN NUESTROS ANTEPASADOS PREHISTÓRICOS EN LAS CUEVAS

La iluminación de nuestros hábitats ha sido un asunto importante para la Humanidad desde la Prehistoria, incluso desde los lejanos tiempos del Paleolítico Inferior, al menos desde la etapa de los preneandertales, que ya sabemos que utilizaban el fuego, aunque desconocemos si sabían producirlo - que es posible que no lo supieran - aunque sabían conservarlo. Un buen ejemplo para reflexionar sobre este tema en esta época lo tenemos en uno de los yacimientos andaluces, que está llamado a ser uno de los punteros de la Península Ibérica. En La Araña están documentados sistemas de iluminación en varias de las épocas, desde el Paleolitico al Neolitico, y la verdad es que se apañaban bastante bien. Tenían varios sistemas, que se perpetuán durante larguísimos milenios, lo cual demuestran su eficacia. El mas primario de todos serian los hogares que tan profusamente encendían el los abrigos y a la entrada de las cuevas, desde la época de los neandertales, que ya sabían producir fuego, aunque desconocemos cómo. Estas lumbres iluminarían la noche de nuestros ancestrales predecesores, y seguiría siendo así durante las etapas siguientes, cuando llegamos nosotros, los orgullosos cromañones. ¿Pero cómo se las apañaban cuando querían adentrarse en las profundidades de las cuevas, completamente oscuras, lejos del resplandor del hogar? Lo tenían bien resuelto por varios sistemas. Uno de ellos eran las antorchas, que en nada se parecían a las que vemos en las películas. Una simple rama de pino con unas piñas secas se convertía en una magnífica fuente e luz, para adentrarse en la oscuridad. A veces rozaban sin querer con los techos e las cavernas, dejando marcas de carbón o e fuego. Otras veces utilizaban o realizaban un pequeño hoyo, donde ponían grasa y una mecha vegetal para que ardiera, convirtiéndose en una lámpara fija, que iluminaba su entorno o un paso peligroso. Siempre en estos pequeños hoyos aparecen pequeñas porciones de carbón, fruto de la combustión de las mechas. En ocasiones las lámparas eran simples conchas, que servían como recipiente para la grasa, convirtiéndose en lámparas portátiles, que podían llevar en la mano, para iluminar las tinieblas. Las mechas iban ennegreciendo los bordes de las conchas, que si habían sido usadas profusamente terminaban completamente ennegrecidos. A menudo estas lámparas portátiles se dejaban sobre una hornacina natural, ennegreciendo el techo de la oquedad. En Las Cuevas de La Araña tenemos buenas muestras e estos sistemas, que contribuyeron a romper la negrura de las cuevas a nuestros antepasados.
Hoy compartimos parte de una concha, una ostra, con los bordes ennegrecidos, que sirvió para iluminar a nuestros ancestros.
Deseamos que os guste.
Yacimientos Arqueológicos de La Araña.

22-7-2017.