domingo, 27 de abril de 2014

LA CONFUSION DEL ARQUEOLÓGO

LA CONFUSION DEL ARQUEOLÓGO


     La Arqueología es una ciencia que se ha ido dotando de todo un corpus de certezas a base de pacientes estudios de múltiples investigadores de distintas disciplinas, que a lo largo del tiempo nos ha permitido ir estructurando y reconstruyendo el pasado de nuestra especie y su evolución, tanto física como culturalmente, y el propio medio de sus vivencias, este planeta al que llamamos Tierra. A lo largo de este camino del conocimiento de nuestro pasado, la tecnología y la tipología de las herramientas nos ha permitido ir clasificando los distintos periodos culturales y su evolución en el tiempo, y ello nos ha dado una sensación de seguridad a la hora de identificar y clasificar la pertenencia de técnicas y sobre todo útiles a determinados periodos culturales. Así si nos aparece una hoja de laurel pensamos de inmediato en el periodo Solutrense. Algo similar sucede a la hora de identificar los diferentes productos derivados de la talla de la piedra (núcleos, productos primarios, secundarios, subproductos, etc.), que nos permite reconstruir el proceso y en muchos casos la intencionalidad del proceso y los avances tecnológicos. Esta tarea a permitido a los arqueólogos tener firmes seguridades en cuanto a la restructuración del pasado, al menos a grandes rasgos. Sin embargo de vez en cuando aparecen algunas evidencias que vienen a confundir al investigador en aspectos que creía tener muy claros. Uno de estos aspectos se puede presentar en la consideración de los subproductos de la talla, especialmente de las pequeñas lasquitas (algunas de unos cuantos milímetros), que con buena lógica, se consideran subproductos de resultantes de la fabricación de otras piezas mayores (bifaces, raederas, etc.), y que generalmente se ignoran como piezas individuales a la hora de  acometer el estudio global, aunque pueden ser indicativos de la actividad de la talla en el sitio.
     El problema surge cuando aparecen núcleos en donde se aprecia claramente que fueron utilizados para la obtención de microlascas, que serian imposible de diferenciar de otras microlascas que generalmente son consideradas subproductos, aunque tengan todos los elementos claros. Estas evidencias son las que traen confusión al arqueólogo, sobre todo cuando se hace la pregunta de cómo distinguir las unas de las otras, y llega al convencimiento de que es imposible. A partir de entonces comienza a mirar con mas respeto a estas diminutas lasquitas, consciente de que al menos algunas de ellas es posible que procedan de un mini núcleo que fue utilizado para su obtención, y por lo tanto fruto de un proceso tecnológico complejo, que nada tiene que ver con un desecho industrial. En el Complejo del Humo han aparecido ya varios de estos mini núcleos en la secuencia del Paleolítico Medio de los neandertales. ¡Y pensar que muchos investigadores les siguen considerando brutos! Hoy les mostramos uno de estos pequeños núcleos, donde se aprecian las huellas de obtención de las últimas lasquitas, y viene a mostrar que en Arqueología no hay nada definitivo, y todo es revisable. Esperamos que os guste.


Yacimientos Arqueológicos de La Araña